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  Paginas de Reinaldo Placencia
 
 

 

Mi primer árbol de Navidad

By Reinaldo Plasencia.
Siempre recuerdo que en la "cocina vieja", como llamábamos a aquella parte de la casa que solo se usaba para almacenar lo que no nos permitiamosbotar, encontramos una vez unas bolas de cristal bien fino de diferentes colores. Eran rojas, verdes y doradas; y nos dijeron que se usaban para adornar un "Árbol de Navidad". La averiguación no paso a mucho más, y las bolas se fueron rompiendo una a una dado el inadecuado uso que le dimos.
 
Los años pasaban y mi único conocimiento acerca de lo que era una Navidad se reducía al recuerdo de las bolas de colores, y a los lamentos de los mayores alrededor de la Noche Buena. "Mira pa´ eso, mañana es Noche Buena y nadie ha matado un lechón". "¡ Ay mi madre!!..... si ayer fue Noche Buena". "¿ Se acuerdan de los turrones de Navidad ?". Estas eran las expresiones de nostalgia que rodeaban esta época de año, pero de ahí no pasaba. Solo el 31 de Diciembre y el 1° de Enero tenian cierto sabor a fiesta, ya que eran los únicos días libres, lo que permitia a las familias reunirse y tener ocasión de festejar, aunque en el fondo no te importara para nada que otros celebrarán un nuevo aniversario de la recurrente "revolución".
 
Con los años fueron cambiando un poco la cara para que la avalancha de turistas que invadía la isla vieran que eramos un "país normal". Aparecieron los arbolitos en las vidrieras de las ofensivas "shoppings", en los hoteles para todos menos para los cubanos de Cuba, y hasta en algunas casas donde se apretaban el estomago una vez más, con el objetivo de que sobrara algo de los "perseguidos dólares" para darse el lujo de poner en una esquina de la sala aunque fuera un mínimo arbolito adornado con algodón. Los que no podíamos hacer ni eso, cortábamos una rama de cualquier árbol y se engalanaba sobre todo con mucha imaginación.
 
Los años siguieron pasando, la vida siguio tejiendo mi destino, y hace tres días acabo de armar mi primer "Árbol de Navidad" de verdad. Vivo en otro país, mi arbolito no es una obra de arte, pero lo adornamos yo y mi mujer para gusto de nosotros dos, ni niños hay para que se regocijen con él. Aunque pensandolo mejor, creo que hay uno: soy yo. Soy el niño que no me dejaron ser.
 
Todo podría parecer increíble para muchos, pero no soy la excepción. Se que hay muchos cubanos que han tenido que esperar hasta sus 36 años para tener su primer "Árbol de Navidad" de verdad. Y lo peor: en tierra ajena.
Recommended by Reinaldo, 12/11/2001.
 
 
Soy un "jeans".By Reinaldo Plasencia.
 

 

“Soy un “jeans” talla 32 de hombre y acabo de ser colgado en una percha de una “shopping” cubana. Soy uno entre muchos, y mi valor es de $ 14.00 (dólares). Reconozco que estoy pasado de moda, pero pronto debo salir a la calle para iniciar mi larga vida en este país. Para ello reúno el requisito fundamental de ser quien soy, además de no tener un precio elevado en comparación con aquellos otros que todos miran, pero nadie compra. Me esperan dos o tres largos años para asistir a fiestas, salidas importantes, y puede que hasta para alguna graduación estudiantil. Mi dueño me cuidará mucho, me lavará poco, y montará en cólera si alguien osa usarme sin su permiso y sin recibir una docena de recomendaciones. Después de esta feliz etapa inicial, debo de convertirme en el pantalón de todos los días, iré a la escuela, al parque, pueden que hasta hagan el amor conmigo encima. Será una etapa agitada, pero llena de aventuras. Al final de estos dos o tres años más, debo estar desteñido, roto en la zona de las rodillas, y debo haberme amoldado tan bien  a la figura de mi dueño, que él nunca se sentiría cómodo con alguien que no sea yo. Llegará el día irremediable en que me cortarán y quedare convertido en un espléndido “short”. Me usarán para estar en casa, visitaré playas, conoceré el agitado mundo deportivo. Todo este ajetreo lo asumiré con gusto, seré el anciano más activo de mis congéneres. Puede que hasta logre tener hijos, nada me haría más feliz que mis piernas mutiladas sean aprovechadas para formar parte del atuendo  de cualquiera de los niños de la casa. Con buena suerte puedo terminar siendo trapo de cocina o alfombra para limpiarse los  zapatos a la entrada de la casa. Realmente voy a ser alguien feliz. ¿Habrá algo mejor que ser unos “jeans” en Cuba?.”

 

Recommended by Reinaldo, 12/14/2001.
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